Jamones y Embutidos La Hoguera: La calidad, factor determinante

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EL ENTORNO

TIERRAS ALTAS

Tierras Altas o La Sierra, como la conocen popularmente sus habitantes, es una comarca de la provincia de Soria (Castilla y León, España), que está situada en el norte de la provincia y es una comarca, turísticamente hablando, de paisajes recios pero hermosos, debido a la dureza de su clima y a lo inhóspito del lugar. Pertenece a la cuenca hidrográfica del Ebro y posee importantes recursos de icnitas.

Antaño fue un importante centro de la trashumancia, gracias a sus pastos de verano.

Su centro comarcal es San Pedro Manrique.

Limita al norte y oeste con la comarca casi totalmente riojana de Cameros (Montenegro de Cameros es de la provincia de Soria), también al oeste con la de El Valle, al noreste con la comarca riojana de Arnedo, al este con la también riojana del Alhama-Linares, al sureste con la de la Tierra de Ágreda y al sur con la del Campo de Gómara.

 

SAN PEDRO MANRIQUE

Dista de la capital soriana, 48 km, y su principal vía de acceso es a través de  la N-111 hasta Garray, desde donde se coge la C-115 hasta Oncala y de ahí se continúa durante unos 13 km por carretera local.

San Pedro Manrique es un conjunto de arquitectura popular serrana. Fue conquistada y repoblada por navarros en el siglo XI. Fue la cabecera de su comunidad de villa y tierra. En 1464 cambia su antiguo nombre de San Pedro de Yanguas por el actual al adicionarle el Duque de Nájera el apellido de su familia, Manrique.

La época más próspera fue durante el apogeo de la Mesta, momento en el que contó con cuatro parroquias, llegó a albergar una población de más de 4.000 personas y en el que se vincula al comercio internacional de la lana, especialmente a través del puerto atlántico de la Rochele.

 

EL PASO DEL FUEGO Y LAS MÓNDIDAS

La noche del 23 de junio, la ermita de la Virgen de la Peña concentra ritual  y adrenalina. Mil kilos de leña de roble, cuidadosamente preparados en un camino de brasas, brillan en el recinto sampedrano. Antes de las doce, el público del graderío se prepara, ante el fuerte calor que despide la alfombra roja, para asistir a una celebración ancestral que se ejecuta hacia poniente y que los expertos señalan como ritual iniciático o medio para para lograr la inmortalidad a través de la hoguera purificadora. Sea como fuere, el Paso del Fuego es uno de los momentos más emocionantes del calendario festivo más allá de las fronteras provinciales.

Los hijos de San Pedro traspasarán a medianoche las brasas encendidas, solos o con alguien a cuestas, como lo hacen cada año desde antiguo. Cuentan que sólo ellos pueden realizar esta proeza (llamada pirobacia) que ha despertado el interés de curiosos, científicos y parapsicólogos. Se ha dicho de todo: desde que el secreto reside en pisar fuerte para no dejar oxígeno y evitar la combustión hasta que contienenla respiración, pasando por la concentración, una suerte de éxtasis, la fe, el sudor, el vino, algunas ampollas o burbujas de aire que se interponen entre la piel y las brasas.

El caso es que los pasadores, en especial el aplomo de los más expertos -encabezados por el célebre Chichorrillas- ponen la piel de gallina al caminar y después, cuando se abrazan fuerte tras el Paso del Fuego. Todo ello ha sido presidido por Las Móndidas, tres jóvenes sampedranas elegidas por sorteo entre las mozas casaderas, que serán  las protagonistas de los actos del día siguiente. Cuentan que estas muchachas de vestido blanco y un extraño cesto en la cabeza con flores de pan y largas varitas de harina y azafrán (arbujuelo) son el recuergo de la abolición del Tributo de las Cien Doncellas tras la derrota musulmana: dicen también que no son sino la encarnación de las antiguas sacerdotisas celtíberas... Son algunas de las tesis, infinitas, que giran en torno a una fiesta antigua y espléndia en Tierras Altas.